Registro calificado Colombia Sin Reforma Laboral: ¿Quién Gana, Quién Pierde… ¿O Todos Se Benefician? - Universidad de San Buenaventura

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Artículo de opinión ·

La reciente caída de la reforma laboral en Colombia ha traído consigo un amplio debate sobre el equilibrio entre las necesidades empresariales y las demandas de los colaboradores, así como la responsabilidad del Estado en las regulaciones laborales. Observando el contexto con detenimiento, surgen distintas posturas que, aunque diversas, pueden encontrar puntos de convergencia: la del sector empresarial, preocupado por la sostenibilidad y competitividad de sus negocios; la de los colaboradores, que buscan garantías y equidad; y la de los gremios, sindicatos y líderes de opinión, cuyos pronunciamientos han alimentado la controversia en torno al proyecto.

Muchas empresas en particular las pequeñas y medianas (PYMES) han expresado su inquietud frente al aumento potencial de cargas y obligaciones. De hecho, se estima que alrededor del 99.5% de las compañías en Colombia pertenecen a la categoría de pymes, generando cerca del 65% del empleo formal en el país. Este dato demuestra que cualquier cambio en la legislación laboral podría impactar de manera significativa en la generación de empleo o sostenibilidad el mismo.

Organizaciones como la Asociación Nacional de Empresarios (ANDI) han insistido en la importancia de contar con un marco legal predecible y flexible, que permita a las compañías competir en el mercado global y, al mismo tiempo, fortalecer el empleo formal. Según portavoces de este gremio, imponer reglas excesivamente costosas o rígidas podría limitar la capacidad de contratar nuevo personal, lo que, paradójicamente, terminaría afectando al colaborador que anhela estabilidad y protección social. Por su parte, asociaciones como FENALCO o ACOPI han recalcado que el fortalecimiento de las PYMES debe ser una prioridad en cualquier reforma, de modo que estas no se vean asfixiadas por cargas financieras imposibles de asumir.

No obstante, existen líderes de opinión cercanos al empresariado que reconocen la necesidad de realizar ajustes que brinden mayor estabilidad a los colaboradores; consideran que una fuerza laboral con mejores condiciones repercute de forma positiva en la productividad y la innovación. Para ellos, la clave reside en encontrar un balance que no castigue la inversión y el emprendimiento, pero que tampoco descuide la protección social.

Del lado de los colaboradores, las expectativas giran en torno a la obtención de condiciones más seguras, justas y dignas. Quienes apoyaban los cambios propuestos en la reforma alegan que estos pretendían, entre otras cosas, asegurar la protección de poblaciones vulnerables, promover la equidad de género y fortalecer la afiliación a la seguridad social.

Las centrales sindicales, como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), sostienen que no aprobar la reforma mantiene a un gran número de personas en la informalidad, sin acceso a beneficios ni protección en caso de despido. Para estos grupos, la discusión de fondo no solo se reduce a la fijación de salarios o cargas parafiscales, sino también a la urgencia de implementar medidas que promuevan una mayor estabilidad laboral y reduzcan la desigualdad.

Por otra parte, algunos líderes de opinión cercanos a movimientos progresistas han manifestado que la postergación de estos cambios eterniza un modelo que deja a amplios sectores de la fuerza colaboradora en condiciones precarias. En su criterio, cada día que pasa sin una reforma integral se traduce en oportunidades laborales limitadas para quienes buscan incorporarse plenamente al sistema de seguridad social.

Para concluir, la caída de la reforma laboral no necesariamente debe interpretarse como un fracaso irreversible, sino como una oportunidad para replantear estrategias y retomar el diálogo con mayor disposición a la concertación. Todos los sectores el empresarial, el colaborador, los gremios y los sindicatos comparten un objetivo común: la estabilidad y el desarrollo económico sostenible. Mientras las empresas necesitan certidumbre para expandirse y generar puestos de trabajo, los colaboradores exigen condiciones de empleo dignas que les brinden seguridad.

Diseñar un nuevo proyecto de reforma que atienda estas necesidades y sea producto de consensos sólidos requerirá ampliar la participación de los diferentes actores, y partir de la idea de que competitividad y bienestar laboral no son fuerzas antagónicas; pueden y deben complementarse.

Leidy Tatiana Casas Posada.

Docente Tiempo Completo de Finanzas y Negocios Internacionales.

Universidad de San Buenaventura Cali.

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