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Artículo de opinión ·

Desde los tiempos inmemorables, lo seres humanos se han dotado de diferentes herramientas cuyo objetivo principal ha sido facilitar la ejecución de las diferentes actividades cotidianas. Esta carrera a través del tiempo de desarrollar nuevas tecnologías y herramientas se ha acelerado en la última época, ofreciendo nuevas funcionalidades que han permitido aumentar la eficiencia en las actividades humanas. Sin embargo, estas estéticamente atractivas herramientas y funcionalidades tecnológicas, nos han segado con una cortina de humo de lo que realmente está pasando cuando usamos de forma indiscriminada estas nuevas tecnologías. Un ejemplo palpable que estamos viviendo en la actualidad ha sido la inteligencia artificial generativa.

Los estudios y desarrollos alrededor del tema de la inteligencia artificial datan desde la época de los antiguos griegos quienes establecieron las primeras reglas que describen el pensamiento humano. A partir de este punto de quiebre, grandes pensadores y científicos de la historia de de la humanidad como Ctesibio y su maquina autocontrolada, Leonardo Torres Quevedo y su autómata entrenado para jugar ajedrez o el famoso Alan Turing y su Maquina Universal, aportaron en el desarrollo de la base para definir la IA como “La ciencia e ingenio de hacer maquinas inteligentes” en los años 50.

Actualmente estamos viviendo el Boom de la IA Generativa, herramienta que hoy en día a través de la de un conjunto de palabras construida como una instrucción o consulta comúnmente llamada promt, está siendo usada con múltiples propósitos como la generación de textos, imágenes y video. Dependiendo del tipo de solicitud o instrucción suministrada por un usuario, la respuesta a la tarea por parte de la IA Generativa puede ser más o menos compleja, traduciendo esta complejidad en tiempo de procesamiento que debe ser ejecutado no solo en un servidor si no por un clúster o enjambre de servidores interconectados, y debido a la cantidad de peticiones que pueden llegar al mismo tiempo, estas máquinas deben estar encendidas y en condiciones óptimas de refrigeración durante 24 horas al día, consumiendo grandes cantidades de energía, agua o aire, siendo estos dos últimos los más perjudicados debido a la contaminación residual debido a los químicos usados y mezclados con estos elementos, ocasionando que ya no sean apropiados para el consumo humano. Según National Geographic “Generar un texto de 100 palabras en ChatGPT consume, en promedio, 519 mililitros de agua, el equivalente a una botella del líquido”.

Esta situación es real y se nos está saliendo de las manos. El caso más cercano se encontró la semana pasada con la plataforma ChatGPT, quienes hace poco añadieron la nueva funcionalidad de convertir las fotos que subían sus usuarios en imágenes al mejor estilo de la animación de los estudios Ghibli, siendo tendencia mundial, con millones de usuarios usándola. Esta herramienta que se ve divertida a través de los ojos del usuario común tiene su lado oscuro, según análisis realizados después de este fin de semana se descubrió que el uso indiscriminado de esta funcionalidad consumió alrededor de 216 millones de litros de agua. Este uso masivo e irresponsable de las nuevas tecnologías como la IA Generativa esta acabando con los recursos del planeta.

Es claro que desde las aulas de clase debemos enseñar a usar las herramientas tecnológicas con el objetivo de mejorar la eficiencia y la productividad de nuestros estudiantes, sin embargo, es importante mostrar este lado oscuro que nos trae estas nuevas tecnologías y que nos puede llevar a romper esa delgada línea que existe entre el uso con un propósito y el derroche por simple diversión.

Los docentes estamos llamados hacer los embajadores y los guías de estas nuevas generaciones y nuestro objetivo principal alrededor de este tema es formar competencias alrededor de la ética ambiental, la sostenibilidad y el uso responsable de la tecnología en nuestros estudiantes.

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