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Artículo de opinión ·

La Agresión de Estados Unidos e Israel contra Irán han constituido un punto de quiebre para la diplomacia y el Derecho Internacional. El conflicto en la Región es una crisálida de factores políticos, religiosos, culturales y, por supuesto, estratégicos sobre los recursos naturales, que se convierten en activos geoestratégicos para la reconfiguración del orden mundial. Este conflicto ha sido un medidor de fuerzas de las potencias y la solidez de sus alianzas: Se logra ver a Europa en mayor cohesión con Estados Unidos; el fortalecimiento de las relaciones entre los Estados Árabes; y la ambivalencia o pasividad de Rusia, China y Corea del Norte frente al respaldo de Irán. 

A más de una semana de los ataques realizados por el eje Washington-Tel Aviv, este conflicto ha dejado ver los intereses reales de las potencias que, además del poder militar, han intentado motivar la erosión social y política de la nación iraní; pero, también ha dejado ver acciones nacionalistas de su población para el mantenimiento de una teocracia islámica. Un conflicto que ha reconfigurado quién o quiénes toman las decisiones geoestratégicas en la región. 

Isabella Marín Jimenez

Experta en Relaciones Internacionales

Docente de la Escuela de Gobierno y Relaciones Internacionales USB Cali

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