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Artículo de opinión ·

No parece coincidencia que, a tan solo 4 días de la conmemoración del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y Justicia en la Argentina, la señora María Takara de Oshiro hubiese partido de este mundo a la eternidad para tal vez, y solo tal vez, encontrarse con Jorge, su querido hijo; uno de los 17 argentinos, descendientes de japoneses, desaparecidos por la última dictadura argentina.

Y es que sí, la última dictadura argentina dejó como saldo catastrófico para su país y para la humanidad el “perfeccionamiento” de una forma siniestra de Delito de Lesa Humanidad: la Desaparición Forzada. Tal y como lo señala la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, la Desaparición Forzada es “el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley.” En la Argentina durante la Dictadura Cívico- Militar liderada por el condenado Rafael Videla, alrededor de unas 30.000 personas fueron desaparecidas.

Entre estas se encuentran 17 jóvenes argentinos descendientes de japoneses, 17 nikkei. La migración japonesa al continente americano, tal y como lo señala el Museo de la Migración Japonesa al Exterior, inicia en 1866 y se intensifica en 1886 debido a la pobreza que afectaba al país y cuyo gobierno decide promover la migración de sus ciudadanos por razones laborales. Los japoneses de primera generación, los Issei, llegaron primero a los Estados Unidos, a Hawái y California y, luego, por restricciones establecidas por los mismos Estados Unidos, cambiaron su rumbo a otros puertos del continente llegando a México, Brasil, Perú y, por supuesto, Argentina. Los japoneses siguieron llegando en una segunda ola que se sucederá después de la Segunda Guerra Mundial.

La tercera generación de descendientes se involucrará mucho más que sus padres y abuelos en la vida cotidiana argentina, tal y como lo señalan Juan Andrés Asato y Mieko Kuramoto. Estos estudiaron en las principales universidades del país, se integraron a los diferentes gremios, hicieron parte de sindicatos y jugaron al rugby y, por supuesto, se hicieron hinchas de algún club de fútbol. Pero, también, empatizaron con las circunstancias que vivía su país y militaron en contra de la dictadura, y fueron detenidos, torturados, violados, y desaparecidos por el estado, fueron víctimas del terrorismo de estado.

Lamentablemente, su existencia no es tan reconocida debido a factores sociales que no les permitieron dar visibilidad a la terrible tragedia que como familias y amigos también sufrieron. Un ejemplo se ve en la señora María Takara de Oshiro quien hasta 2018 se sumó de viva voz a las Madres de Mayo. Y si, aunque de manera silenciosa, las madres, padres, hermanas, hermanos, compañeros y compañeras de los 17 nikkei han buscado visibilizarlos como se evidencia en la conformación de la Agrupación de Familias de los Desaparecidos de la Colectividad Japonesa.

Juan Carlos Higa, Oscar Takashi Oshiro, Juan Alberto Asato, Katsuya Higa, Juan Takara, Jorge Oshiro, Juan Alberto Cardozo Higa, Carlos Nakandakare, Amelia Ana Higa, Carlos Ishikawa, Emilio Yoshimiya, los hermanos Norma Inés y Esteban Matsuyama, Julio Gushiken, Carlos Horacio Gushiken, Ricardo Dakuyaku y Jorge Nakamura; fueron los 17 argentinos nikkei desaparecidos durante la dictadura. Y tan solo dos de ellos, Carlos Horacio Gushiken y Julio Eduardo Gushiken, han sido tristemente identificados y devueltos a sus familias gracias a los incansables esfuerzos del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

Y, aunque la esperanza es lo último que se pierde, no hay que olvidar que siendo que su cuerpo no ha sido encontrado, tal vez y solo tal vez, Jorge Oshiro, hoy de 68 años, siga con vida, así como los otros 14. ¡Ojalá!

#50Años #NuncaMás

Lorena Estupiñán Pedraza

Docente y Experta de la Escuela de Gobierno y de Relaciones Internacionales

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