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Artículo de opinión ·

Para nadie es un secreto que el Mundial que acaba de terminar coronando como Campeón al Equipo Español estuvo rodeado de simbolismos, narrativas políticas, tensiones bilaterales, crisis migratoria, conflicto comercial, y hasta teorías de conspiración sobre la sesión del poder en el futbol, pero ¿Qué significó realmente este campeonato en la estructura del poder mundial?

Hoy tenemos que hablar de una herramienta de política exterior de los Estados que poco se quiere discutir: la diplomacia deportiva. La diplomacia ya no funciona -de manera exclusiva- como tradicionalmente la conocimos: un grupo cerrado de personas, en salas ostentosas, rodeados del mejor licor, vestidos de protocolo y sosteniendo reuniones secretas en el marco de un “club”. Hoy la diplomacia pública a través del Soft Power (poder blando) ha entendido que las herramientas de comunicación y promoción de sus países – a través de la cultura y el deporte – también pueden ser muy efectivas para alcanzar sus intereses nacionales.

En este contexto, ha emergido un tipo de actor que está entendiendo muy bien el juego del poder y sabe que posee algunas fichas de ese ajedrez para jugar en paralelo: La FIFA, así como otras ISO (International Sports Organizations) se integraron en el modelo de red de la diplomacia multiactor y policéntrica (Black, D., & Peacock, B.; 2013) donde no hay potencias centrales militares, ni pesan los bloqueos comerciales; por el contrario, se crean nuevos nodos para la redistribución de un poder asimétrico -que trasciende presidentes o jefes de Estado – pero que se concentra en quienes pueden pagar para posicionar nuevas narrativas.

Quisiera resumir este poder en tres dinámicas claves: primero, la influencia de las ISO sobre quienes gobiernan; segundo, el uso del sportwashing; y tercero, el poder de los símbolos que mueven las pasiones.

La influencia de las ISO sobre quienes gobiernan:

Este poder de las ISO ha funcionado para tener influencia en las relaciones políticas y económicas del sistema, y ha probado cómo puede presionar gobiernos anfitriones para modificar controles de visados, condiciones migratorias, laborales, económicas y de infraestructura para llevar a cabo los torneos; pero en manos de Infantino (en representación de la FIFA) el asunto no ha sido tan claro para esta versión 2026, puesto que dadas sus relaciones personales con el Presidente Trump, en vez de generar la influencia acostumbrada sobre Washington, la FIFA adaptó sus reglas a las establecidas por el Gobierno Norteamericano, ha puesto su oficina en la Torre Trump de Nueva York,

creó el premio FIFA de la Paz que fue entregado a Trump, e incluso procedió con la revisión de una tarjeta roja de manera posterior a un partido, por solicitud expresa del presidente.

Por otro lado, la Copa del Mundo también ha servido como plataforma para limar las asperezas diplomáticas y el MetLife Stadium de Nueva Jersey se convirtió en escenario de neutralidad institucional. Allí tenemos una gran foto de cumbre donde se encuentra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el presidente de España Pedro Sánchez; el primer ministro canadiense, Mark Carney; los reyes de España Felipe VI y Letizia; y, por supuesto, Gianni Infantino.

Trump ha tenido los más altos desencuentros en el último año con España, Canadá y México: con el presidente del Gobierno de España, especialmente se ha marcado una distancia por su posición frente a las acciones contra Irán y la abstención al respaldo de la OTAN llevando a Trump a calificarle como “un socio terrible y desleal”, por eso una de las fotos más importantes del espectáculo fue el momento en que los dos se dan la mano.

Por el lado de sus vecinos Trump había iniciado un conflicto comercial y fronterizo dejando en una cuerda floja al Tratado T-MEC de los tres Estados hermanos que fueron sede del Mundial, pero las llamadas de invitación de Trump al primer Ministro de Canadá y, especialmente a la Presidenta de México, permitieron tener un escenario neutral y de diálogo mientras se disputaba la final España-Argentina.

El uso del sportwashing

Según del Diccionario de Cambridge el sportwashing es la estrategia que utilizan gobiernos y corporaciones o individuos a través del deporte, el patrocinio de equipos o la organización de grandes eventos para mejorar su reputación pública. Y la FIFA sabe muy bien cómo ponerlo a disposición de los gobiernos.

Por ejemplo, este mundial fue una plataforma para alcanzar reconocimiento en la sociedad internacional para las selecciones de Cabo Verde, Curazao, Jordania y Uzbekistán que debutaron en el torneo y generaron que más personas las pudieran ubicar en el mapa.

También los mega eventos deportivos se instrumentalizan para proyectar una imagen distinta de las autoridades en crisis como el caso de Argentina y Francia que cuentan con una gran fanaticada que hace olvidar la crisis de gobernabilidad que tienen Macrón y Milei actualmente; y para cambiar la percepción de las acciones internacionales

impopulares, por ejemplo: Estados Unidos e Irán, donde vemos selecciones deportivas que inspiran valores distintos a los que ha dejado el conflicto o los gobiernos.

El poder de los símbolos que mueven las pasiones

La copa más anhelada representa la unidad universal con dos figuras humanas que levantan la tierra celebrando un triunfo. Este espíritu de universalismo intenta contagiar a todas las personas de un ambiente de valores y propósitos comunes donde el deporte deja a un lado las diferencias políticas de nuestras naciones; pero este mismo espíritu despierta pasiones que se debaten entre la solidaridad intercultural y el propio nacionalismo.

Uno de los principios fundamentales de la Copa del Mundo es que la política esté separada del fútbol, pero al final del día las manifestaciones políticas son inherentes a la sociedad misma, y quiero destacar algunos de los ejemplos que marcaron este mundial:

· Una final del mundo hispanohablante que no se tenía desde 1930 y que reivindicó una posición de ciudadanos que han sido considerados de “segunda clase” ante la jerarquía cultural y lingüística. David Crystal precisó que una lengua se vuelve global por el poder político, económico y cultural de quienes la utilizan, y el español ha estado a la sombra del poder.

· Lumumba Vea, es un hincha de la República Democrática del Congo conocido por mantenerse de pie e inmóvil durante los partidos de su selección en honor a Patrice Lumumba (padre de la independencia de su nación) y el símbolo de la dignidad panafricana y el anticolonialismo europeo.

· El director técnico de la selección egipcia Hossam Hassan levantó la bandera de palestina en reivindicación del pueblo, tras finalizar el partido que clasificó a la selección a los octavos de final. Fue la única figura que lo hizo visiblemente en el torneo, pero hay que resaltar que se vieron muchas banderas de aficionados en tono de protesta en los estados de USA.

· En las semifinales cuando Argentina eliminó a Inglaterra en Atlanta, Giovani Lo Celso mostró una bandera referida al largo conflicto territorial entre ambos países que decía: «Las Malvinas son argentinas”, reivindicando la soberanía argentina sobre el territorio.

· La selección iraní fue la primera en clasificar al mundial pero su participación estuvo en vilo por el conflicto entre Irán y Estados Unidos. Nunca un Estado anfitrión del Mundial había tenido un conflicto activo con un Estado participante. La selección denunció ser maltratada por las restricciones migratorias de Estados Unidos obligándose a establecer su base en México y viajar a todos los estadios con regreso inmediato.

· Omar Artan mejor arbitro de la Confederación Africana de Fútbol y de origen somalí fue vetado para ingresar a los Estados Unidos por presuntos vínculos con grupos terroristas (no comprobados), a pesar de haber sido contratado pro la FIFA. Ahora está convocado por la UEFA y asegura participará del próximo mundial.

· Cuando Francia ganó sobre Paraguay, Celeste Amarilla (Senadora) del país americano, publicó en redes sociales mensajes racistas contra Kylian Mbappé quien respondió señalándola como una “mujer despreciable e indigna de su cargo”. Posteriormente el Senado de Paraguay emitió una resolución rechazando las expresiones de la senadora y todos los actos de racismo y discriminación. Así mismo se tuvieron pronunciamientos de la Federación Francesa de Futbol, la Organización de Naciones Unidas y el presidente Macrón.

· En el medio tiempo de la gran final brilló Venezuela con la espectacular presentación de la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar unida a la Filarmónica de Nueva York. Las bandas fueron dirigidas por el venezolano Gustavo Dudamel, quien unió a los Muppets y a Plaza Sesamo para interpretar Seven Nation Army y cerrar con un espectáculo acompañado de ColdPlay. Este show que mezcló la música clásica, la representación del pop, la protesta, el talento latinomaricano y los mensajes de paz mundial, tuvo el propósito de recaudar 100 millones de dólares para el FIFA Global Citizen Education Fund que propueve el acceso a la educación y al deporte en las regiones más vulnerables del mundo.

Mientras millones de personas seguían un balón, otros disputaban una batalla por la legitimidad, la influencia, la reputación y el relato. El fútbol sigue siendo un lenguaje universal, pero también se ha convertido en uno de los escenarios más sofisticados de la geopolítica contemporánea, que, además congrega a la sociedad y promueve los discursos que crean un péndulo entre la unión universal y el nacionalismo más acérrimo.

Vale la pena preguntarse no solo quién ganó el partido, sino también quién ganó la narrativa, quién fortaleció su poder y quién aprovechó el espectáculo para redefinir su lugar en el sistema internacional. Quien domina la FIFA, domina el discurso, domina los foros, y domina el mundo, aunque sea por un rato.

Isabella Marín Jiménez

Docente de Gobierno y Relaciones Internacionales

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