domingo, 21 de junio de 2026
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En esta temporada electoral, hay una idea resonando de manera permanente y tal vez, atractiva: dolaricemos la economía. Algunos lo presentan como una solución eficaz a todos los problemas monetarios que enfrentamos, porque piensan que, si cambiamos la moneda, podríamos importar no solo bienes y servicios a un menor costo sino también beneficiarnos de la “estabilidad macroeconómica” de Estados Unidos al tener como respaldo un país emisor fuerte, respetado e incluso temido. Ojalá fuera tan fácil.
Detrás de la idea de decirle “adiós” al Banco de la República no hay una revolución, hay una renuncia. Renuncia a decidir sobre nuestra propia política monetaria, a tener herramientas para responder a crisis hechas en casa, a asumir la responsabilidad de hacer que nuestras instituciones funcionen y, estar de manera permanente a la expectativa de lo que decida otro país.
A nuestro Banco Central se le ha criticado su rol durante los últimos 4 años. Famosos han sido los comentarios del presidente Gustavo Petro en donde señalaba que los incrementos en la tasa de interés por parte del emisor, actuarían como cadena transmisora de la crisis externa o donde acusaba a la Junta del Banco de elevar “de manera sustancial el hambre en Colombia”, y cómo pasar por alto el famoso enfrentamiento del pasado mes de marzo que finalizó con la salida del ministro de Hacienda, Germán Ávila, de forma intempestiva de la sesión de la Junta Directiva como forma de protesta por el aumento de la tasa de interés de referencia.
Ante este panorama parece que el Banco realmente es un enemigo del crecimiento que busca ahogar la economía y beneficiar únicamente a los bancos. Y esto va más allá de banqueros y gráficas; aquí se encuentra la familia que se encuentra en aprietos para pagar la cuota de su crédito hipotecario, el comerciante que lo piensa dos veces antes de endeudarse o quienes encuentran en los préstamos la única manera de vivir su día a día.
Y, al mismo tiempo, está la otra cara: la inflación que nos hace exclamar ¡no alcanza para el mercado, ni el arriendo y mucho menos el transporte! Ahí es donde entra el Banco de la República, tratando de evitar que el dinero se vuelva humo, aunque eso implique decisiones controversiales. No es el malo de la película; es una institución incómoda, sí, pero necesaria para que la economía no se nos salga de las manos.
La dolarización puede dar una sensación de tranquilidad, vemos baja la probabilidad que la economía estadounidense se quiebre y se venga a pique su moneda, pero deja al país sin herramientas para responder a choques propios. Es importante tener en cuenta que ante cualquier crisis local que enfrentemos, la Federal Reserve System (FED) no va a tomar decisiones sobre la tasa pensando en Colombia, tomará decisiones pensando en el funcionamiento eficaz de la economía estadounidense, y eso, no podemos olvidarlo.
Cierro con una frase histórica del por entonces, presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi durante la crisis de deuda soberana europea en julio de 2012: “the ECB is ready to do whatever it takes to preserve the euro. And believe me, it will be enough” que traduce algo como “El BCE está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, será suficiente”. En tiempos de elecciones en donde se busca mover emociones, vale la pena recordar que las monedas estables no se sostienen solas: detrás siempre hay bancos centrales dispuestos a hacer de todo por su moneda, y en Colombia esa tarea, nos guste o no, es responsabilidad del Banco de la República.
Docente Jennifer Vanesa Noreña Serna
Programa Gobierno y Relaciones Internacionales