jueves, 29 de enero de 2026
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En los últimos años, el comercio exterior colombiano ha sido un reflejo claro de una economía que intenta reacomodarse en medio de tensiones globales, cambios geopolíticos y desafíos estructurales internos. Las cifras recientes de importaciones y exportaciones muestran una paradoja: mientras el país compra más al mundo, vende con mayor dificultad y enfrenta riesgos externos que ponen a prueba su estrategia internacional.
Por el lado de las importaciones, Colombia ha registrado un crecimiento sostenido, impulsado principalmente por manufacturas, bienes intermedios y productos necesarios para el aparato productivo. Esta dinámica, respaldada por datos del DANE y análisis de medios económicos como La República y Valora Analitik, evidencia una recuperación de la demanda interna y una fuerte dependencia de insumos externos. Sin embargo, este comportamiento también profundiza un déficit en la balanza comercial que se ha convertido en una constante estructural, más que en un fenómeno coyuntural.
En contraste, las exportaciones han tenido un desempeño irregular. Mientras sectores agroindustriales como el café, las flores y algunos productos agrícolas han mostrado dinamismo y capacidad de adaptación a la demanda internacional, las exportaciones tradicionales —especialmente petróleo y carbón— han perdido tracción debido a la volatilidad de precios internacionales y a la transición energética global. Esta concentración exportadora sigue siendo uno de los mayores talones de Aquiles de la economía colombiana: cuando los commodities caen, el país lo siente de inmediato.
A este escenario se suma un factor externo clave: las tensiones comerciales regionales e internacionales. La reciente disputa arancelaria entre Colombia y Ecuador, reportada por Reuters, es una señal de alerta. La imposición de aranceles del 30 % y las medidas de represalia no solo afectan el comercio bilateral, sino que envían un mensaje de incertidumbre a los exportadores y a los inversionistas. En un mundo donde las cadenas de valor son cada vez más frágiles, este tipo de conflictos regionales tiene un impacto que va más allá de las cifras: golpea la confianza.
El problema de fondo no es solo coyuntural. Colombia sigue compitiendo en el mercado internacional con una canasta exportadora poco diversificada, altos costos logísticos y una dependencia excesiva de mercados tradicionales como Estados Unidos. Cuando el contexto global se vuelve más proteccionista y los socios comerciales endurecen sus políticas, el margen de maniobra se reduce.
Desde una perspectiva estratégica, el mensaje es claro: no basta con exportar más, hay que exportar mejor. El país necesita avanzar hacia productos con mayor valor agregado, fortalecer su diplomacia comercial y utilizar los acuerdos comerciales como herramientas vivas, no como simples documentos firmados. De lo contrario, Colombia seguirá comerciando con el mundo, pero siempre desde una posición vulnerable.
En un entorno internacional marcado por la incertidumbre, el comercio exterior ya no es solo una variable económica: es un asunto de competitividad, estrategia y visión de largo plazo. Y en ese tablero global, Colombia aún juega con piezas limitadas.
Leonardo de Jesús Beltrán García
Docente del programa de Finanzas y Negocios Internacionales