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Artículo de opinión ·

En la contienda electoral, la ignorancia de la sociedad civil y los errores de gobierno fueron la oportunidad perfecta para lanzar una estrategia de campaña que posicionara un candidato que ha figurado como la “opción viable” y quien capturó el voto vergonzante, llegando a los 10.361.499 votos.

Sí, Abelardo de la Espriella aprovechó la fractura entre el gobierno de Gustavo Petro con la ciudadanía y la ignorancia de la sociedad civil frente a un tema que lamentablemente el ciudadano de a pie, no tiene entre sus prioridades: las relaciones internacionales del País.

¿Qué pasó? El candidato de ultraderecha aprovechó la crisis bilateral Quito-Bogotá provocada por las diferencias ideológicas entre los presidentes Daniel Noboa y Gustavo Petro, para acercarse y posar como el nuevo héroe para Colombia ante el electorado.

Este trampolín de la comunicación, llevó a que los grandes medios de nuestro país afirmaran que gracias al candidato de la Espriella se avanzaba en la recomposición de las relaciones bilaterales. Noboa y de la Espriella realizaron una transmisión en vivo para comunicar a sus seguidores que, gracias a la cooperación entre ambos líderes y a la articulación de la nueva derecha latinoamericana, se había alcanzado un acuerdo para reducir los aranceles; pero, ¿esto era del todo cierto?

Daniel y Abelardo parecen grandes amigos de vieja data; lo que ha sido el fondo de su unión es que el ecuatoriano es un adalid de los valores de las nuevas corrientes de derecha que han surgido en América Latina. Las diferencias idiosincráticas que ha tenido con el presidente Gustavo Petro, aunadas a los pronunciamientos infundados y con cero cálculo estratégico que realizó contra Noboa, fueron la leña de un deterioro progresivo de las relaciones bilaterales entre ambos países. Noboa señaló que no realizaría acuerdos hasta que llegara la nueva presidencia.

Recordemos que, la “pelea de titanes” comenzó cuando el presidente Petro no reconoció el triunfo del Presidente Noboa en 2025; desde allí las tensiones entre ambos nos demostraron que la diplomacia bilateral es altamente personalista. Este año, el 21 de enero, Ecuador impuso una tasa de seguridad del 30% de manera unilateral sobre la importación de productos provenientes de Colombia, argumentando que el Gobierno Colombiano no estaba comprometido con la lucha contra la criminalidad en zonas de frontera, pero esta medida violaba todos los acuerdos binacionales y los alcanzados en el marco de la Comunidad Andina de Naciones.

Como reacción de Colombia, el 22 enero se suspendió la venta de energía a Ecuador, escalando la tención hasta recibir un castigo del presidente ecuatoriano, incrementando en más del 900% el precio de transporte de crudo colombiano. Posteriormente, tras haber agotado las vías diplomáticas, y como los tratados son para cumplirse, el 17 de febrero Colombia demandó a Ecuador ante la CAN por su gravamen irregular.

El 24 de febrero, Colombia impuso el 30% de arancel a las importaciones de productos ecuatorianos, lo que generó que Ecuador elevara sus aranceles al 50%. La crisis diplomática -ahora convertida en un tipo de Tug of War- medía la fuerza de los presidentes antagónicos.

La relación se agravó cuando el 06 de marzo Ecuador y Estados Unidos bombardearon un campamento de las disidencias de las FARC en zona de frontera, pero con la mala suerte que un explosivo sin detonar cayó sobre el territorio colombiano. Así que, entre nuevos incrementos arancelarios, el cuestionado viaje de Petro a Ecuador y la guerra de espadas a través de X (twitter) donde el presidente colombiano provocaba con sus pronunciamientos al presidente ecuatoriano, escaló la crisis como no se veía desde la tensión Uribe-Correa cuando militares colombianos bombardearon un campamento de las FRAC en Ecuador.

Aquí vemos un escenario nuevamente donde la diplomacia presidencialista y la comunicación mal gestionada del Gobierno Petro le dio la plataforma a Abelardo para crear un espectáculo mediático destinado a convencer a la ciudadanía y sostener la fama sustentada en una narrativa engañosa, pues la reducción de los aranceles no fue producto de su intervención, sino del cumplimiento de una decisión jurídica de un Organismo ante el cual ambos estados han reconocido competencia.

¿Qué resulta problemático de esta situación?

Primero, que no fue exclusivamente gracias al “defensor de la patria”. Daniel Noboa recibió el fallo emitido por la Comunidad Andina de Naciones para resolver el conflicto entre ambos países. La resolución 2581 emitida el 07 de mayo del 2026 declaró las decisiones unilaterales de Ecuador como ilegales y ordenó la reducción de aranceles a efectuarse a más tardar el 01 de Junio.

Segundo, que dada la clara intervención en política de Noboa, la nación colombiana no se puede permitir tener injerencia externa en los asuntos propios; la soberanía y la autodeterminación le corresponden al pueblo, no a los dirigentes políticos de otras naciones.

Tercero, que ningún candidato -por protagonista de novela que parezca- puede estar por encima de la constitución y pretender ejercer funciones como jefe de estado, cuando aún la democracia no lo ha elegido.

Cuarto, que si un presidente no entiende que en su comunicación de gobierno debe hacer cálculos estratégicos para alcanzar los objetivos de política exterior, estará condenado a apagar incendios que afectan la maniobrabilidad del Estado.

La ciudadanía debe aprender a tener criterio y hacerse las preguntas incómodas sobre quién le cuenta la historia, desde qué posición, y quién controla los relatos en los medios de comunicación masiva. Finalmente, más allá de quién ganó protagonismo en esta crisis, debemos cuestionarnos ¿por qué una buena parte de la ciudadanía estuvo dispuesta a creer en la narrativa que nos contaron?

Isabella Marín Jimenez

Experta en Relaciones Internacionales

Docente de la Escuela de Gobierno y Relaciones Internacionales USB Cali

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