¿Qué estás buscando?

Artículo de opinión ·

En un mundo que va a velocidades cada vez más exigentes, en el que los títulos académicos, las metas, las cifras y las posiciones alcanzadas determinan en gran parte quienes somos, y nuestro nivel de educación y de “utilidad” en una sociedad, me cuestiono qué entendemos por educación y cuál sería su deber ser.

Las siguientes son algunas afirmaciones propias con las que invito a la discusión:

a) Los títulos académicos no garantizan que una persona sea educada. Es una persona, en cambio, que ha cumplido ciertos requisitos y grados académicos, y los pone (espero) en función de una sociedad.

b) El cargo laboral o la posición que se ocupa en una organización o institución tampoco garantiza que una persona sea educada. Es una persona que está ocupando un cargo de manera temporal porque cumple determinadas habilidades específicas y conocimientos, en función de una institución u organización.

c) El dinero o las posesiones materiales tampoco garantiza que una persona sea educada. Es una persona con dinero, y ya; que esperaría hiciese uso racional del mismo.

d) No tener las anteriores condiciones tampoco garantiza que una persona sea educada.

La pregunta, que sigue entonces es ¿qué es educación o cuál es su deber ser?

La respuesta, a mi modo de ver, pasa obligatoriamente por las siguientes tres afirmaciones.

Una persona educada parte de:

a) El reconocimiento a sí mismo, a los demás y a lo demás que formamos un todo en el universo. Por ejemplo, hay personas que nacen y mueren creyendo ser el ombligo del mundo, y nunca reconocen que hay universo más allá de ellos mismos y de “lo de ellos”; o, en un ejemplo cotidiano, aquel o aquella que, al ver la oportunidad de ocupar un espacio vacío en un parqueadero lleno de carros, se mete en contravía irrespetando a los demás, solo porque “vió la oportunidad”.

b) El respeto hacia nosotros mismos, hacia los demás y hacia lo demás. No solo basta con reconocer; el reconocer debe estar relacionado con el respeto: No

puede haber respeto, si no se reconoce. El respeto, a mi modo de ver, debe ser entendido como el actuar no pensando en nosotros mismos ni nuestros intereses egoístas ni particulares, sino en lo lógico y racional para para la evolución de la sociedad; como diría C.S Peirce consistiría en “el ardiente impulso de satisfacer otro impulso superior” (EP.1.354)

c) Lo que cultivemos en nuestras vidas que, en últimas, forma nuestra disposición de carácter, como lo llamaría Aristóteles. Me pregunto: ¿Cultivamos egoísmo, odio, rabia, venganza, envidia, celos, pensamos en hacer zancadillas al otro, hacemos las cosas por debajo de la mesa en beneficio propio o en contra del otro u otro?; o ¿cultivamos verdad, honestidad, racionalidad, lógica, y los sentimientos, virtudes, y normas de conducta que nos forma como buenos investigadores á la Peirce?

Creo que la educación y el valor real que agreguemos a la sociedad tiene ver más con estas tres últimas afirmaciones.

Por eso, mis queridos lectores, los invito con esta corta reflexión a que nos auto -cuestionemos e intentemos respondernos: a) ¿qué cultivamos como seres humanos en nuestra cotidianidad, en el día a día’, y, b) ¿nos consideramos realmente una persona educada, o no?

Paola Andrea Betancourt Villamil

Directora del Programa de Gobierno y Relaciones Internacionales

Escuela de Gobierno y Relaciones Internacionales.

USB Cali

Comparte esta publicación

¿Te gustó el contenido?

Publicaciones relacionadas


RUAV RUAV