sábado, 31 de octubre de 2026
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En junio de 2025, durante el sexto Examen de las Políticas Comerciales de Colombia, los miembros de la OMC elogiaron “el compromiso del país de diversificar su base de producción y exportación” y destacaron “las aspiraciones de transformación estructural” para reducir la dependencia de las industrias extractivas. El reconocimiento es real: Colombia tiene zonas francas, el Plan Vallejo y múltiples incentivos para atraer inversión y diversificar. Pero el propio examen dejó una advertencia sutil: “los principales mercados no han variado” y para alcanzar el objetivo “habría que tratar de aumentar las exportaciones de servicios y diversificar los mercados”. Es decir, la arquitectura comercial existe, pero la transformación productiva no ha seguido el mismo ritmo.
La evidencia empírica confirma esa brecha. Aunque el país logró diversificar destinos —el 84,2% de las exportaciones no minero-energéticas se dirigen a países con Tratados de Libre Comercio vigentes—, la dependencia de productos básicos persiste. En 2024, el 52,2% de las exportaciones colombianas fueron minero-energéticas, concentradas en petróleo, carbón y oro, por un valor de USD 25.226 millones. La volatilidad de los precios internacionales —el petróleo cayó 14,5% y el carbón 20,4% en 2025— sigue transmitiéndose directamente al fisco y a la cuenta corriente. La vulnerabilidad externa, en suma, no se ha reducido: se ha maquillado con nuevos destinos.
460 empresas no pueden sostener una economía diversificada
El dato más contundente no viene de la balanza comercial, sino del tejido empresarial. Según Analdex, 460 empresas concentran cerca del 89% del valor total facturado al exterior, mientras más de 7.600 compañías exportan menos de un millón de dólares al año. Javier Díaz Molina, presidente del gremio, lo resume sin ambages: “el reto ya no es abrir mercados, sino aprovecharlos y crecer. Realmente son muy poquitas empresas, necesitamos crecer ese número”.
Esta concentración explica por qué los acuerdos comerciales, por sí solos, no han logrado modificar la estructura exportadora. Un TLC puede eliminar aranceles, pero no puede crear la capacidad productiva, la escala ni la sofisticación que una empresa necesita para competir en el exterior. El caso del TLC con Estados Unidos es ilustrativo de lo que ocurre cuando la apertura se encuentra con capacidades desiguales: en 2025, el 66,4% de las exportaciones hacia ese país fueron no minero-energéticas, un récord de USD 10.642 millones. El avance es innegable, pero ha estado jalonado por un grupo reducido de sectores —café, flores, aguacate, aluminio— y por las mismas empresas de siempre. María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia, advierte que el acuerdo “no está agotado, sino subutilizado”, y que la tarea pendiente es “convertir el acceso ya existente en más exportaciones, más empresas, más inversión”.
La diversificación no es un decreto de política comercial
El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT) reporta avances que merecen reconocimiento. En 2025, más de 5.500 unidades productivas fueron fortalecidas para “sofisticar y diversificar la canasta exportadora”, y la agroindustria representó el 15% de los bienes no minero-energéticos exportados. Las exportaciones no mineras arrancaron 2026 creciendo 14%. Sin embargo, estos esfuerzos, por valiosos que sean, aún no logran revertir el peso estructural del sector extractivo ni ampliar de manera significativa la base de empresas exportadoras.
La razón es sencilla: la diversificación productiva requiere políticas de largo aliento que van más allá de la ventanilla comercial. Requiere infraestructura logística, financiamiento para la internacionalización de las pymes, encadenamientos productivos, transferencia tecnológica y una institucionalidad que articule la política industrial con la comercial. El presidente de Analdex ha sido explícito: “No debemos tener todos nuestros huevos en una misma canasta”, y la diversificación “no se quede en el papel”. El Consejo Gremial Nacional y la ANDI han insistido en la necesidad de una estrategia de diversificación de mercados con énfasis regional, pero también han advertido que sin capacidades productivas reales, esa estrategia se queda en la retórica.
Colombia no enfrenta un problema de falta de acuerdos comerciales: enfrenta un problema de capacidades productivas asimétricas que la apertura, por sí sola, no puede resolver. Mientras 460 empresas sigan concentrando casi el 90% de lo que el país vende al mundo, la diversificación exportadora seguirá siendo un objetivo de política antes que una realidad económica. Y la vulnerabilidad externa —esa que convierte cada caída del petróleo en un ajuste fiscal y cada desaceleración global en una amenaza para la cuenta corriente— seguirá siendo el rasgo más predecible de la economía colombiana. La apertura fue la puerta; la tarea pendiente es construir la casa productiva que permita cruzar el umbral.
Leonardo Beltran Garcia
Docente del Programa- Finanzas y Negocios Internacionales